jueves, 27 de noviembre de 2014

Tres poemas al hilo de poetas Norteamericanos


La Usina ha dejado tres poemas de
poetas Norteamericanos en una de sus cajas
ábrela y disfrutaras de estos



LOS OJOS


Descansa, Maestro, pues que estamos cansados,
cansados, y podríamos sentir los dedos del viento
sobre los párpados que se nos cierran
húmedos y con peso de plomo.

Descansa, hermano, pues ¡ved! ¡el alba!
Palideció la llama amarilla
y con lentitud la cera se derrite.

Libéranos, pues fuera hay hermosos colores,
verde musgo y teñidas flores,
y frescura bajo los árboles.

Libéranos, pues parecemos
en esta siempre fluyente monotonía

de feas marcas de impresión,
negras sobre blanco pergamino.

Libéranos, porque hay alguien
cuya sonrisa es más provechosa
que todo el viejo saber de tus libros,
y allí nos gustaría verla.


Ezra Pound



Yo, Tranquilo, Serenamente Plantado



Yo, tranquilo, serenamente plantado ante la naturaleza,
Amo de todo o señor de todo, sereno en medio de las cosas irracionales.
Imbuido como ellas, pasivo, receptivo, y silencioso, también como ellas,
Conocedor de que mi ocupación, mi pobreza, mi notoriedad
Y mis debilidades son menos importantes de lo que creía,
Hacia el mar mexicano, en el Manhattan o en el Tennessee, o lejos en el norte o tierra adentro,
Hombre de río u hombre de montes o de granjas de estos estados, ribereño del mar o de los lagos de Canadá,
Yo, dondequiera que viva mi vida, quiero hacer frente a las contingencias
Y encarar la noche, las tormentas, el hambre, el ridículo, los accidentes
Y los rechazos como lo hace el animal.





Walt Whitman













Espejo

Soy plateado y exacto. No tengo preconceptos.
Cuanto veo, lo trago inmediatamente
Tal cual es, sin empañar por amor o desagrado.
No soy cruel, sólo veraz:
Ojo de un pequeño dios, cuadrangular.
Casi todo el tiempo medito en la pared de enfrente.
Es rosada, con lunares. La he mirado tanto tiempo
Que creo que es parte de mi corazón. Pero fluctúa.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
Buscando en mi extensión lo que ella es en realidad.
Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las bujías o la luna.
Veo su espalda y la reflejo fielmente.
Me recompensa con lágrimas y agitando las manos.
Soy importante para ella. Que viene y se va.
Todas las mañanas su cara reemplaza la oscuridad.
En mí ella ahogó a una muchachita y en mí una vieja
Se alza hacia ella día tras día, como un pez feroz.



Lawrence Ferlingheti









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