jueves, 27 de noviembre de 2014

La Usina ha dejado tres poemas de Gustavo Adolfo Bécque en una de sus caja ábrela y disfruta


Rima V


Espíritu sin nombre, 
indefinible esencia, 
yo vivo con la vida 
sin formas de la idea. 

Yo nado en el vacío, 
del sol tiemblo en la hoguera, 
palpito entre las sombras 
y floto con las nieblas. 

Yo soy el fleco de oro 
de la lejana estrella, 
yo soy de la alta luna 
la luz tibia y serena. 

Yo soy la ardiente nube 
que en el ocaso ondea, 
yo soy del astro errante 
la luminosa estela. 

Yo soy nieve en las cumbres, 
soy fuego en las arenas, 
azul onda en los mares 
y espuma en las riberas. 

En el laúd, soy nota, 
perfume en la violeta, 
fugaz llama en las tumbas 
y en las ruïnas yedra. 

Yo atrueno en el torrente 
y silbo en la centella, 
y ciego en el relámpago 
y rujo en la tormenta. 

Yo río en los alcores, 
susurro en la alta yerba, 
suspiro en la onda pura 
y lloro en la hoja seca. 

Yo ondulo con los átomos 
del humo que se eleva 
y al cielo lento sube 
en espiral inmensa. 

Yo, en los dorados hilos 
que los insectos cuelgan 
me mezco entre los árboles 
en la ardorosa siesta. 

Yo corro tras las ninfas 
que, en la corriente fresca 
del cristalino arroyo, 
desnudas juguetean. 

Yo, en bosques de corales 
que alfombran blancas perlas, 
persigo en el océano 
las náyades ligeras. 

Yo, en las cavernas cóncavas 
do el sol nunca penetra, 
mezclándome a los gnomos, 
contemplo sus riquezas. 

Yo busco de los siglos 
las ya borradas huellas, 
y sé de esos imperios 
de que ni el nombre queda. 

Yo sigo en raudo vértigo 
los mundos que voltean, 
y mi pupila abarca 
la creación entera. 

Yo sé de esas regiones 
a do un rumor no llega, 
y donde informes astros 
de vida un soplo esperan. 

Yo soy sobre el abismo 
el puente que atraviesa, 
yo soy la ignota escala 
que el cielo une a la tierra, 

Yo soy el invisible 
anillo que sujeta 
el mundo de la forma 
al mundo de la idea. 

Yo, en fin, soy ese espíritu, 
desconocida esencia, 
perfume misterioso 
de que es vaso el poeta.





Rima XXVIII


Cuando entre la sombra oscura, 
perdida una voz murmura 
turbando su triste calma, 
si en el fondo de mi alma 
la oigo dulce resonar, 
dime: ¿es que el viento en sus giros 
se queja, o que tus suspiros 
me hablan de amor al pasar? 

Cuando el sol en mi ventana 
rojo brilla a la mañana, 
y mi amor tu sombra evoca, 
si en mi boca de otra boca 
sentir creo la impresión, 
dime: ¿es que ciego deliro, 
o que un beso en un suspiro 
me envía tu corazón? 

Y en el luminoso día 
y en la alta noche sombría, 
si en todo cuanto rodea 
al alma que te desea, 
te creo sentir y ver, 
dime: ¿es que toco y respiro 
soñando, o que en un suspiro 
me das tu aliento a beber?






Rima LXI


Al ver mis horas de fiebre 
e insomnio lentas pasar, 
a la orilla de mi lecho, 
¿quién se sentará? 

Cuando la trémula mano 
tienda, próximo a expirar, 
buscando una mano amiga, 
¿quién la estrechará? 

Cuando la muerte vidríe 
de mis ojos el cristal, 
mis párpados aún abiertos, 
¿quién los cerrará? 

Cuando la campana suene 
(si suena en mi funeral) 
una oración, al oírla, 
¿quién murmurará? 

Cuando mis pálidos restos 
oprima la tierra ya, 
sobre la olvidada fosa, 
¿quién vendrá a llorar? 

¿Quién en fin, al otro día, 
cuando el sol vuelva a brillar, 
de que pasé por el mundo 
quién se acordará?



Gustavo Adolfo Bécquer


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